domingo, 14 de febrero de 2016

Only You 03

La luz se colaba a través de un pequeño espacio que quedaba entre las cortinas ligeramente separadas, dándome de lleno en la cara. Fruncí el ceño mientras me revolvía un poco en la cama, sintiendo un doloroso palpitar en la sien. ¿Qué hora era? No recordaba absolutamente nada de esa noche tras la llamada de Kame… Me había pillado por sorpresa y él parecía bastante enfadado. Sé que bebí demasiado para olvidar aquello y que estaba con…. ¡Jin!

Rápidamente me incorporé en la cama, provocándome de repente un mareo horroroso. La habitación se movía, todo daba vueltas, pero a pesar de todo conseguí ponerme en pie. Aquella no era mi habitación. No me hizo falta más que un vistazo rápido para darme cuenta de ello… ¿Dónde estaba…?

Empecé a caminar con una mano en la cabeza, intentando controlar el dolor aunque siendo inútil.

-       Ueda, buenas tardes –su risa a mi derecha me sorprendió-
-       Jin… ¿qué pasó anoche? –entré en el salón, dejándome caer en el sofá a su lado-
-       Pues anoche bebiste demasiado y tuve que cargar contigo hasta aquí –se rió, poniéndose en pie para desaparecer de la habitación. Al volver llevaba consigo un vaso de agua y una caja de aspirinas, ofreciéndome ambas cosas- y como vives a tomar por saco pues te traje hasta mi casa…
-       Mm… Gracias y… -me metí una pastilla en la boca y me bebí de golpe todo el agua. Aquel dolor me estaba matando- perdona por los problemas que te haya podido causar…
-       No te preocupes… Anda, ve a darte una ducha, apestas a alcohol… -rió más aún-

Me puse en pie y caminé hasta el baño, quitándome la ropa para meterme en la ducha.

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Conduje durante casi una hora hasta que conseguí aparcar. Hacía años que conocía a Jin, habíamos sido compañeros pero nuestra relación final y actual dejaba mucho que desear, posiblemente por eso me molestaba el hecho de que Ueda prefiriese pasar el tiempo con un tipo como él antes que con nosotros.

Caminé hasta la puerta y llamé al timbre. Pronto se abrió la puerta y tras ella estaba él, Jin, mirándome con una sonrisa de superioridad.

-       Hola, Jin… -lo saludé sin mucho ánimo. No iba a molestarme en parecer amable o simpático- Tengo que hablar contigo…
-       ¿Mmm? ¿Sobre qué? –se apoyó en el marco de la puerta. Estaba completamente desaliñado y al hablar olía un poco a alcohol… debieron de estar bebiendo mucho-
-       ¿Dónde está Ueda…? –crucé los brazos, mirándolo bastante serio- Tengo que hablar con él.
-       ¿Qué te hace pensar que te voy a decir dónde está? No quiere hablar contigo, creo que ya te lo dejó muy claro ayer… -sus ojos me escrutaban detenidamente, desprendiendo además un odio que nunca entenderé- Si no quiere hablar contigo deberías dejarlo.
-       No pienso dejarlo, tengo que hablar con él así que dime dónde está… -avancé un paso hacia este, tratando de intimidarlo un poco y que hablase- ¿Está aquí?
-       No, no está aquí… deberías ver si está en su casa, tal vez aún no se haya levantado con la resaca que debe de tener… con suerte no le habrá dado un coma etílico después de todo lo que bebió anoche –y tras decir eso me cerró la puerta en las narices-

No me fiaba mucho de su palabra pero al final acabé subiendo al coche de nuevo, esta vez conduciendo hacia la casa de Ueda a ver si era verdad eso de que estaba allí. Realmente esperaba que así fuese, y que accediese a hablar conmigo…



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Salí del baño con una toalla a la cintura, asomándome por la puerta de este al escuchar voces en la entrada pero cuando en ese momento Jin acababa de cerrar la puerta.

-       ¿Quién era? –pregunté con curiosidad, la voz me resultaba familiar, pero aún andaba medio aturdido y no estaba seguro-
-       Se equivocaron de puerta, no era nadie –se giró hacia mi, regalándome una amable sonrisa-

Asentí y entré de nuevo al baño, cerrando la puerta para volver a ponerme mi ropa, ya cuando llegase a mi casa la echaría a lavar.

Al salir del baño estaba esperándome frente a este con una sonrisa ladeada y cruzado de brazos. Lo miré extrañado, riendo un poco nervioso.

-       ¿Qué ocurre? –pasé la mano por mi pelo, queriendo darle un poco de forma-
-       Te invito a comer, lo menos que puedes hacer, después de haber pasado la noche escuchándote quejarte de Kamenashi y haberte tenido que cargar hasta aquí, es acompañarme a comer
-       Pero… me iba a ir a casa y… -no me dejó terminar. Me cogió por la muñeca y tiró de mi de nuevo hacia el salón, casi lanzándome sobre el sofá-
-       Espera aquí que voy a prepararme, ni se te ocurra irte, ¿eh? – y, al igual de rápido que me llevó, volvió al interior de la casa-

Esperé sentado en el sofá, dándole vueltas a todo lo que había pasado recientemente. Tenía ganas de hablar con Taguchi, Nakamaru y Kame… explicarme y pedir disculpas… pero necesitaba reunir el valor necesario para hacerlo… necesitaba aclarar mis ideas antes que nada y, por muchas ganas que tuviese de coger el teléfono y llamarlos, tenía que aguantar.

La presión de una mano en mi hombro me sorprendió. Pegué un pequeño bote en el sofá mientras me llevaba la mano al pecho.

-       ¡Dios! ¡Que susto! –Jin reía a mi espalda-
-       Mira que eres bobo… Anda, vámonos…

Salimos de su casa, caminando hasta su coche. Me subo en el asiento del acompañante, abrochándome el cinturón, dejando que me llevase al restaurante que quisiese aunque sin muchos ánimos.



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Seguía de camino a casa de Ueda, llegando al rato y tras aparcar en frente a su casa corrí hacia la puerta, llamando al timbre numerosas veces.

La puerta no se abrió. Empecé a golpearla con los nudillos, cada vez mas frustrado, pero aún así seguía sin abrirse. No se oía nada en el interior de la casa, definitivamente allí no había nadie, lo que quería decir que había sido engañado.

Regresé al coche, dejándome caer en el asiento con los ojos cerrados, apoyando las manos y la frente en el volante. Aquello me estaba desesperando y no sabía cuánto podría aguantar así. Arranqué de nuevo el coche, marcando el número de Koki mientras empiezo a conducir sin un rumbo fijo.

-       Koki… -pongo leves morros cuando escucho descolgarse el teléfono a través del manos libres- no encuentro a Uepi….
-       Pero si está con Jin… -su voz sonaba a recién levantado- anoche me llamó para decirme que iba muy mal y que se quedaba a dormir en su casa…
-       ¿Qué…? –no daba crédito a lo que me estaba diciendo… me habían mentido en mi propia cara-
-       Kame… vete a casa, descansa… es eso… o quedarte a esperar a que llegue a su casa, que eso es un poco más incomodo, ¿no? Anda… -rió un poco al otro lado del teléfono- vete a casa y descansa…
-       Si… Tienes razón… Gracias y perdona si te he despertado… -colgué la llamada con el botón del volante de colgar. Quedarme y esperar… ¿era eso tan descabellado? No debería tardar en volver….

Y así di la vuelta, volviendo a aparcar cerca de casa de Ueda, esperando a que volviese. Cogí de nuevo el teléfono, marcando esta vez el número de Nakamaru.

-       ¿Kame? ¿Qué ocurre? – sonaba preocupado.
-       Estoy esperando a que Ueda regrese a su casa… ¿Qué haces?
-       ¿Lo estas esperando…? Eso suena un poco a acosador…
-       Pero es la única manera que tengo de dar con él… si sigo yendo y viniendo nunca daré con él… y sabes tan bien como yo que es probable que no llame ni venga a hablar con nosotros… o eso es lo que parece… -puse morros de nuevo, respirando hondo- y no puede dejar el grupo así sin más…
-       En eso tienes razón… Kame… ¡Tráelo de vuelta! Contamos contigo –esta vez estaba algo más animado. Colgué y me senté a esperar.

Pasaron un par de horas hasta que lo vi. Pasó caminando al lado de mi coche sin darse cuenta siquiera de que estaba ahí, así que aproveché para bajar del coche, empezando a caminar detrás suya con paso ligero para así poder alcanzarlo.

-       Ueda… -posé la mano en su hombro y este se sorprendió, dando un pequeño salto mientras se giraba hacia mi-
-       K-Kame… -cerró los ojos, apoyando las manos en sus rodillas, suspirando- Definitivamente hoy voy a morir de un infarto…
-       Perdona… -lo miré preocupado pero rápidamente me puse serio de nuevo- Pero… tenemos que hablar…. Ahora mismo, y no vale escaparse de nuevo

Asintió y caminamos juntos pero en silencio hacia su casa, entrando en esta.

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