-
Hola,
Kame – Sonrió. – Hacía mucho que no nos veíamos, ¿qué es de ti? –
-
Hola
Koki… ¿Qué haces aquí? Es algo tarde… ¿No…? – Suspiré pero aun así me eché a un
lado para dejarlo pasar. La verdad es que desde que había dejado la agencia
nuestros encuentros con Koki se podían contar con los dedos de las manos, pero
no era culpa de nadie en verdad, simplemente era una situación algo complicada.
-
Parece
que te moleste que venga a verte, pero tenía que hacerlo porque recibí hace
poco una llamada bastante interesante de mi concubina… - Parpadeé completamente
sorprendido. ¿Una llamada de Ueda? ¿De verdad? – Y bueno, no me ha querido
explicar el p… - No lo dejé terminar.
-
¡¿Cómo
que una llamada de Ueda?! ¡¿Sabes dónde está?! – Perdí el control ante esa
noticia y sin darme cuenta lo estaba sujetando por el cuello de la camiseta
mientras me miraba completamente sorprendido.
-
No…
no me lo ha dicho, pero supongo que si precisamente tú no lo sabes, pues nadie
lo sabrá… cuando quiere sabe esconderse bastante bien… como es algo pequeño… -
Dejó escapar una suave risa, haciendo que lo soltase y eso hice, mirándolo
nuevamente entristecido.
-
Déjame
tu teléfono... o llámalo… si ve que es tu número seguro que lo coge… porque no
ha querido contestar ni a Taguchi, ni a Nakamaru, y mucho menos a mí… - Extendí
la mano hacia él, esperando que me prestase su teléfono móvil.
-
Si
no os contesta tal vez se deba a que ha cambiado de número… o por lo menos me
llamó desde uno que no tenía registrado en la agenda… pero toma –Finalmente, se
sacó el teléfono del bolsillo y me lo dio.
Rápidamente, busqué entre sus llamadas
recientes mientras estaba bajo su caudalosa mirada. Después de bajar un poco en
la lista, encontré el número y sin pensarlo dos veces le di a llamada,
llevándome el auricular a la oreja mientras me mordía el labio inferior
bastante nervioso. Sonó el primer toque. Koki tenía su mirada fija en mí y eso
no me ayudaba a calmarme.
Segundo toque. ¿Por qué no contestaba?
La frustración iba apoderándose de mí al tiempo que fruncía el ceño y volvía a morderme
el labio inferior, cada vez más y más nervioso. ¿Cuánto hacía que no hablaba
con él? ¿Una semana? ¿Dos? Sí, hacía dos semanas que Ueda estaba desaparecido y
la única certeza de que estaba bien era la prueba de que había hablado con
Koki.
Por fin, justo después del tercer
toque se oyó una voz bastante familiar para mí.
-
Koki
¿qué pasa? – Solo que no era la voz de Ueda. Su voz me resultaba familiar pero
no conseguí saber quién era hasta pasados unos segundos.
-
¡¿Jin?!
– Exclamé su nombre sorprendido al reconocerlo-
-
¡¿Kame?!
– Su voz sonó también sorprendida - ¿Qué haces con el teléfono de Koki?
-
No
¿Qué haces tú con el teléfono de Ueda? – Fruncí aún más el ceño, mirando
fijamente a Koki que también estaba con expresión de sorpresa pero en silencio.
-
Ah,
se lo estoy cuidando, lo ha dejado en la mesa al irse al servicio… - Se rio –
mira, por ahí viene…
-
Dile
que se ponga… Es importante… - Suspiré -
Pero no le digas que soy yo…
Esperé unos segundos, escuchándolos
hablar hasta que finalmente la voz de Ueda se sonó al otro lado del altavoz.
-
¿Sí?
¿Koki? – Hacía tanto que no escuchaba su voz. Aunque había ruido de fondo pude
reconocerla perfectamente. Parecía estar contento, lo que hizo que el corazón
se me encogiese aún más.
-
¡Eres
un auténtico idiota! – No pude controlarme y en lugar de saludarlo normalmente
acabe gritándole - ¡¿Dónde estás?! ¡Tenemos que vernos! ¡Tienes que decirme por
qué has decidido irte! ¡¿Y qué demonios estás haciendo con Jin?! – Cada vez iba
subiendo más el tono, enfadándome sin poder evitarlo.
-
¿Kame…?
Yo… -Suspiró y en ese momento volví a sentir una presión en el pecho – Lo siento…
tengo que colgar…
-
¡No!
¡Espera! ¡¿Por qué no quieres hablar conmigo?! – Cerré los ojos cuando estos se
me empezaron a humedecer. Por fin le había preguntado el por qué y, en
silencio, esperé que me respondiese.
-
Kame…
Lo siento, de verdad… - Y colgó.
Sostuve el teléfono mientras se oía de
fondo el pitido intermitente que indicaba el fin de la llamada. Me había
colgado y no había respondido a nada de lo que le había dicho. Definitivamente
no hablaría conmigo. Cuando colgué bien el teléfono se lo devolví a Koki, que
me miraba con las cejas alzadas sin entender exactamente qué pasaba.
Lo acompañé hasta el salón, yendo
después a la cocina y saqué de la nevera dos cervezas. Al volver a salón me
senté en el sofá a su lado, dándole la lata para que la abriese, dándole un
trago a la mía mientras le contaba lo que había pasado con Ueda y cómo habíamos
intentado todos hablar con él. Me escuchó atentamente, aconsejándome y después
cambiamos de tema.
Estuvimos varias horas hablando, y
tras un par de cervezas lo acompañé a la puerta para despedirlo, dándole un
fuerte abrazo.
-
Verás
como todo se soluciona, tú dale tiempo para que se aclare, seguro que vuelve –
Koki me dedicó su mejor sonrisa y se marchó cerrando la puerta tras de sí.
Volví a quedarme sólo y esta vez algo
mareado por el alcohol, por lo que decidí irme a dormir antes de perder más el
norte y hacer alguna tontería. Seguía sin entender por qué no quería hablar con
nosotros, y con esa idea en mente, me metí en la cama y me quedé dormido en
cuestión de segundos.
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No sé cuánto tiempo llevaba con los
ojos abiertos y echado en la cama. Miré el despertador y suspiré, llevándome
las manos a la cara. Eran solo las seis de la mañana y ya estaba despierto,
aunque agotado. Tras varios minutos más mirando por la ventana como amanecía,
me puse finalmente en pie y fui directo al baño a lavarme la cara, yendo
después a prepararme un buen café, cumpliendo con la rutina diaria.
La mañana transcurrió como todas las
anteriores: me vestí y fui a trabajar. Cumplí con lo que se esperaba de mí, al
igual que mis compañeros, aunque obviamente los tres estábamos algo abstraídos
y callados, así que en la hora del almuerzo aproveché para ponerlos al día.
-
Aaah…
que aliviooo… - Taguchi suspiró aliviado al escuchar que Ueda estaba bien,
mostrando una de sus inocentes sonrisas – Y creía que había sido devorado por
la tierra, me alegra saber que está bien
-
Es
un alivio, sí, ¿pero qué haremos ahora? No quiere hablar con Kame… entonces
menos querrá hablar con nosotros dos – Nakamaru parecía también más aliviado,
pero obviamente seguía molesto y con el ceño fruncido. Yo estaba mirándolos a
ambos, sentado en la silla al revés, con los brazos cruzados apoyados en el
respaldo de esta y la barbilla sobre ellos – Creo que deberíamos buscarlo… y
cuando lo encontremos… darle una buena colleja –asintió convencido y sin poder
evitarlo dejé escapar una ligera sonrisa.
-
Nakamaru…
así lo que vas a conseguir es que Tat-chan se enfade… - Aún con la sonrisa en
los labios, miré hacia el reloj – Pero creo que tal vez deberíamos intentar
hablar con Jin, si estaban juntos ayer debería saber dónde está Ueda… ¿no? – Ambos
asintieron y volvimos poco después al trabajo, algo más animados.
Al salir del trabajo volví directo al
coche. Me subí a este y empecé a conducir de camino a casa pero, justo cuando
estaba llegando, me di cuenta de que no podía dejar las cosas así, tenía que
saber más. En la primera rotonda que vi, cambié el sentido del viaje, yendo al
único lugar en el que sabía que podía encontrar alguna respuesta.
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