martes, 18 de agosto de 2015

Only You 02

-          Hola, Kame – Sonrió. – Hacía mucho que no nos veíamos, ¿qué es de ti? –
-          Hola Koki… ¿Qué haces aquí? Es algo tarde… ¿No…? – Suspiré pero aun así me eché a un lado para dejarlo pasar. La verdad es que desde que había dejado la agencia nuestros encuentros con Koki se podían contar con los dedos de las manos, pero no era culpa de nadie en verdad, simplemente era una situación algo complicada.
-          Parece que te moleste que venga a verte, pero tenía que hacerlo porque recibí hace poco una llamada bastante interesante de mi concubina… - Parpadeé completamente sorprendido. ¿Una llamada de Ueda? ¿De verdad? – Y bueno, no me ha querido explicar el p… - No lo dejé terminar.
-          ¡¿Cómo que una llamada de Ueda?! ¡¿Sabes dónde está?! – Perdí el control ante esa noticia y sin darme cuenta lo estaba sujetando por el cuello de la camiseta mientras me miraba completamente sorprendido.
-          No… no me lo ha dicho, pero supongo que si precisamente tú no lo sabes, pues nadie lo sabrá… cuando quiere sabe esconderse bastante bien… como es algo pequeño… - Dejó escapar una suave risa, haciendo que lo soltase y eso hice, mirándolo nuevamente entristecido.
-          Déjame tu teléfono... o llámalo… si ve que es tu número seguro que lo coge… porque no ha querido contestar ni a Taguchi, ni a Nakamaru, y mucho menos a mí… - Extendí la mano hacia él, esperando que me prestase su teléfono móvil.
-          Si no os contesta tal vez se deba a que ha cambiado de número… o por lo menos me llamó desde uno que no tenía registrado en la agenda… pero toma –Finalmente, se sacó el teléfono del bolsillo y me lo dio.

Rápidamente, busqué entre sus llamadas recientes mientras estaba bajo su caudalosa mirada. Después de bajar un poco en la lista, encontré el número y sin pensarlo dos veces le di a llamada, llevándome el auricular a la oreja mientras me mordía el labio inferior bastante nervioso. Sonó el primer toque. Koki tenía su mirada fija en mí y eso no me ayudaba a calmarme.
Segundo toque. ¿Por qué no contestaba? La frustración iba apoderándose de mí al tiempo que fruncía el ceño y volvía a morderme el labio inferior, cada vez más y más nervioso. ¿Cuánto hacía que no hablaba con él? ¿Una semana? ¿Dos? Sí, hacía dos semanas que Ueda estaba desaparecido y la única certeza de que estaba bien era la prueba de que había hablado con Koki.

Por fin, justo después del tercer toque se oyó una voz bastante familiar para mí.

-          Koki ¿qué pasa? – Solo que no era la voz de Ueda. Su voz me resultaba familiar pero no conseguí saber quién era hasta pasados unos segundos.
-          ¡¿Jin?! – Exclamé su nombre sorprendido al reconocerlo-
-          ¡¿Kame?! – Su voz sonó también sorprendida - ¿Qué haces con el teléfono de Koki?
-          No ¿Qué haces tú con el teléfono de Ueda? – Fruncí aún más el ceño, mirando fijamente a Koki que también estaba con expresión de sorpresa pero en silencio.
-          Ah, se lo estoy cuidando, lo ha dejado en la mesa al irse al servicio… - Se rio – mira, por ahí viene…
-          Dile que se ponga… Es importante… - Suspiré -  Pero no le digas que soy yo…

Esperé unos segundos, escuchándolos hablar hasta que finalmente la voz de Ueda se sonó al otro lado del altavoz.

-          ¿Sí? ¿Koki? – Hacía tanto que no escuchaba su voz. Aunque había ruido de fondo pude reconocerla perfectamente. Parecía estar contento, lo que hizo que el corazón se me encogiese aún más.
-          ¡Eres un auténtico idiota! – No pude controlarme y en lugar de saludarlo normalmente acabe gritándole - ¡¿Dónde estás?! ¡Tenemos que vernos! ¡Tienes que decirme por qué has decidido irte! ¡¿Y qué demonios estás haciendo con Jin?! – Cada vez iba subiendo más el tono, enfadándome sin poder evitarlo.
-          ¿Kame…? Yo… -Suspiró y en ese momento volví a sentir una presión en el pecho – Lo siento… tengo que colgar…
-          ¡No! ¡Espera! ¡¿Por qué no quieres hablar conmigo?! – Cerré los ojos cuando estos se me empezaron a humedecer. Por fin le había preguntado el por qué y, en silencio, esperé que me respondiese.
-          Kame… Lo siento, de verdad… - Y colgó.

Sostuve el teléfono mientras se oía de fondo el pitido intermitente que indicaba el fin de la llamada. Me había colgado y no había respondido a nada de lo que le había dicho. Definitivamente no hablaría conmigo. Cuando colgué bien el teléfono se lo devolví a Koki, que me miraba con las cejas alzadas sin entender exactamente qué pasaba.

Lo acompañé hasta el salón, yendo después a la cocina y saqué de la nevera dos cervezas. Al volver a salón me senté en el sofá a su lado, dándole la lata para que la abriese, dándole un trago a la mía mientras le contaba lo que había pasado con Ueda y cómo habíamos intentado todos hablar con él. Me escuchó atentamente, aconsejándome y después cambiamos de tema.

Estuvimos varias horas hablando, y tras un par de cervezas lo acompañé a la puerta para despedirlo, dándole un fuerte abrazo.

-          Verás como todo se soluciona, tú dale tiempo para que se aclare, seguro que vuelve – Koki me dedicó su mejor sonrisa y se marchó cerrando la puerta tras de sí.

Volví a quedarme sólo y esta vez algo mareado por el alcohol, por lo que decidí irme a dormir antes de perder más el norte y hacer alguna tontería. Seguía sin entender por qué no quería hablar con nosotros, y con esa idea en mente, me metí en la cama y me quedé dormido en cuestión de segundos.


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No sé cuánto tiempo llevaba con los ojos abiertos y echado en la cama. Miré el despertador y suspiré, llevándome las manos a la cara. Eran solo las seis de la mañana y ya estaba despierto, aunque agotado. Tras varios minutos más mirando por la ventana como amanecía, me puse finalmente en pie y fui directo al baño a lavarme la cara, yendo después a prepararme un buen café, cumpliendo con la rutina diaria.

La mañana transcurrió como todas las anteriores: me vestí y fui a trabajar. Cumplí con lo que se esperaba de mí, al igual que mis compañeros, aunque obviamente los tres estábamos algo abstraídos y callados, así que en la hora del almuerzo aproveché para ponerlos al día.

-          Aaah… que aliviooo… - Taguchi suspiró aliviado al escuchar que Ueda estaba bien, mostrando una de sus inocentes sonrisas – Y creía que había sido devorado por la tierra, me alegra saber que está bien
-          Es un alivio, sí, ¿pero qué haremos ahora? No quiere hablar con Kame… entonces menos querrá hablar con nosotros dos – Nakamaru parecía también más aliviado, pero obviamente seguía molesto y con el ceño fruncido. Yo estaba mirándolos a ambos, sentado en la silla al revés, con los brazos cruzados apoyados en el respaldo de esta y la barbilla sobre ellos – Creo que deberíamos buscarlo… y cuando lo encontremos… darle una buena colleja –asintió convencido y sin poder evitarlo dejé escapar una ligera sonrisa.
-          Nakamaru… así lo que vas a conseguir es que Tat-chan se enfade… - Aún con la sonrisa en los labios, miré hacia el reloj – Pero creo que tal vez deberíamos intentar hablar con Jin, si estaban juntos ayer debería saber dónde está Ueda… ¿no? – Ambos asintieron y volvimos poco después al trabajo, algo más animados.




Al salir del trabajo volví directo al coche. Me subí a este y empecé a conducir de camino a casa pero, justo cuando estaba llegando, me di cuenta de que no podía dejar las cosas así, tenía que saber más. En la primera rotonda que vi, cambié el sentido del viaje, yendo al único lugar en el que sabía que podía encontrar alguna respuesta.

Only You 01

-          Me voy del grupo - .

Esa fue la última vez que mis compañeros y yo vimos a Ueda Tatsuya. Estábamos comiendo en un restaurante, tras el rodaje del que iba a ser nuestro último programa juntos, cuando nos vimos sorprendidos ante esa declaración de nuestro cuarto miembro. Es cierto que Ueda llevaba ya varios días comportándose de manera extraña y distante, pero.. ¿quién habría imaginado que eso estuviese pasando por su cabeza?.

-          Tat-chan... - Abrí la boca para decirle que no se fuese, que no se marchase, pero las palabras se fueron agrupando una a una en mi garganta, sin ser capaces de salir. Era completamente incapaz de decirle nada y cuando pude darme cuenta, las lágrimas corrían por mis mejillas, viendo inmóvil como él se marchaba, probablemente para no volver.

Efectivamente, después de aquello no volvimos a ver a Ueda. Pasaban los días sin que viniese por la empresa, no asistía a las reuniones ni a los ensayos, al igual que no contestaba ninguna de mis llamadas ni mensajes, por lo que cada vez estábamos todos más y más preocupados. No comprendíamos en absoluto que había pasado y eso me tenía con los nervios a flor de piel.

-          Junno ¿has podido contactar con él…? – me acerque hasta Taguchi al verlo sentado a un lado en la sala de ensayos, acuclillándome frente a este con el rostro serio.
-          No… es desesperante… ¿En qué estaba pensando? ¡No puede dejarnos así! – echó la cabeza hacia detrás, dejándola descansar contra la pared mientras acababa sentándome a su lado, mirando al suelo.

Dejé escapar un pesado suspiro, cargado de preocupación y cansancio, llevando después una mano hasta mi frente, enredando los dedos en mi pelo mientras me lo echaba hacia detrás.

-          ¿Sabes? No puedo dejar de pensar que en parte esto es culpa mía… Siento como si hubiese hecho algo… que nos ha llevado a esta situación… - Sonreí, aunque aquella era más una sonrisa llena de tristeza más que de alegría. – No entiendo por qué nunca me comentó nada… ni a ti… por qué no dijo nunca nada… ¿Es que… acaso… no significamos nada para él? – Iba arrastrando cada palabra hasta que la voz se me fue entrecortando, sintiendo como los ojos volvían a colmarse de lágrimas. Las contuve y respiré hondo, ésa vez no iba a permitir que se apoderase de mí el miedo. Tenía que ser fuerte.

Las horas iban pasando y cada vez me pesaba más y más el cuerpo, por lo que cuando llegó la hora de volver a casa recogí mis cosas y, sin decir nada a nadie, me fui directo al coche, ensimismado y deseando que el día acabase pronto, que todo hubiese sido únicamente una pesadilla.

Llegué a casa, dejando los zapatos a la entrada y caminé hasta el salón, dejándome caer de espaldas en el sofá. Lo último que recuerdo es que estaba mirando la foto que tenía enmarcada, a un lado de la estantería que estaba frente a mi, en la que salíamos Ueda y yo.

No sé cuánto tiempo estuve dormido, pero me desperté de golpe al escuchar el tono de llamada de mi móvil. Sinceramente, no tenía ganas de hablar con nadie, pero si no contestaba seguramente causaría más problemas a los demás, así que me saqué el teléfono del bolsillo y contesté la llamada.

-          ¿Si..? – Me froté un ojo con la mano, mirando el techo aunque a oscuras en la habitación.
-          ¡¿Cómo que “¿si?”?! ¡¿Eso es todo lo que me tienes que decir?! –

Suspiré al reconocer su voz.

-          Nakamaru… Buenas noches… -
-          ¡Nada de “buenas noches”! ¡¿Qué pasa contigo?! ¡Tenemos que intentar buscar alguna solución a nuestro problema! No puedes pasarte el día como si fuese el fin del mundo. – Me hablaba a voces. Nakamaru a veces podía ser un poco brusco, pero entendía sus razones. Ueda era el tercer miembro que se marchaba de nuestro grupo y, si eso seguía así, finalmente tendríamos que disolvernos, aunque ya esto iba a pasarnos factura tarde o temprano.
-          ¿Te importa que te llame en otro momento? Prometo que llamaré – Colgué el teléfono, estirando el brazo y dejándolo caer al suelo.

Esperé unos minutos en silencio, mirando aún el techo, antes de levantarme por fin. Una vez en pie, encendí la luz del salón, mirando alrededor como si buscase algo, aunque realmente no había nada que encontrar. La habitación estaba igual que siempre: el sofá color beige centrado en la estancia, frente a este una pequeña mesa de cristal, sin nada encima; un mueble apilable para la televisión, compuesto por el mueble base, una estantería superior y una lateral con una vidriera donde guardar películas, libros y la fotografía. Justo detrás del sofá había un pequeño escritorio con el portátil encima y una silla con respaldo.

Después de observar todo aquello me dio un pequeño escalofrío. No me acostumbraba del todo al imponente silencio, así que encendí la televisión para tener ruido de fondo y caminé hacia el baño, dispuesto a darme una ducha y así intentar relajarme y evadirme de todo.

Una vez en el baño, me acerqué hasta la bañera, abriendo el agua caliente para dejar que se fuese llenando a medida que me desvestía. Sin esperar a que se llenase del todo, me metí en esta, dejando que el agua poco a poco fuese subiendo y acariciando mi cuerpo. Cerré los ojos y dejé la cabeza apoyada contra el frío mármol, tratando de aclararme las ideas. Tenía que conseguir hablar con Ueda, pero no se me ocurría como hacerlo.

Estaba jugando tranquilamente con la espuma que se había ido formando a lo largo del baño cuando escuché como llamaban a la puerta.

-          “Se habrán equivocado” -pensé haciéndome el loco y sin intenciones de salir, cuando escuché como llamaban de nuevo.

Esta vez, extrañado, salí del agua, enfundándome en mi albornoz y caminé fuera del baño hacia la puerta.

-          ¿Quién será ahora? ¿No pueden dejarme tranquilo..? – Con el ceño fruncido llegué hasta el contestador, activando la videocámara para ver de quien se trataba y, al verlo, sólo pude quedarme boquiabierto. ¿Por qué tenía que ser él en ese preciso momento…?